Santa Maria de Covet
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En la archivolta externa se centra una dovela con la imagen esculpida de Adán y Eva junto a la serpiente y el árbol del Paraíso. La representación de nuestros primeros padres en el momento de la transgresión se muestra mediante la habitual tradición iconográfica de llevarse una mano a la garganta mientras con la otra se cubren los genitales.
La originalidad de esta escena se debe a que esta flanqueada por otras dos dovelas con representaciones muy curiosas, en la parte de la izquierda aparece una silueta doble que ha sido interpretado como un géminis, aunque en realidad su figura es siamesa cuya separación se produce a partir de la cintura, este personaje permanece de pie sobre las espaldas de un ser representado de medio cuerpo y cuya deformidad es evidente.
Una idea que podemos relacionar con esa imagen es que la aparición de la dualidad puede ser producida a partir de un aspecto imperfecto de la unidad.
La siguiente representación presenta dos personajes con sus cuerpos enlazados a modo de contorsionistas circenses, la representación esta mostrada de tal forma que es imposible discernir de forma racional qué parte del cuerpo corresponde a cada cual, como si también siameses se trataran tiene suficientes características para reforzar el aspecto caótico que se produjo tras el pecado original.
Las siguientes dovelas trabajadas empiezan a mostrar signos del desgaste de la piedra, aún así se puede observar en la contigua a los géminis a un personaje esculpido que con ambas manos da tirones en sus cabellos, otras interpretaciones consideran este acto como señal de aflicción.
A partir de aquí y en toda la parte izquierda de la archivolta central las tallas están desaparecidas y es imposible averiguar que tipo de representaciones instruían el lugar, aunque se puede suponer que tenían relación o eran de un esbozo similar a las que aún perviven en su parte derecha y en las que los efectos del paso del tiempo no han sido tan demoledores.
48. Lado izquierdo totalmente desgastado
Así tenemos en la parte derecha y muy bien conservados un par de músicos a los que no les falta detalle alguno tocando instrumentos que se han identificado como una flauta de pan y un salterio
seguidamente hay una representación tan maltrecha que es imposible acertar a saber de que se trata, aunque presumiblemente sería otro músico.
Tras esta sigue otro sillar trabajado con la forma de un hombre barbado que mira hacia los músicos y que se sujeta la larga barba con la mano derecha mientras que se sirve de su brazo izquierdo como apoyo al codo.
Si bien hoy en día se contempla el tirón de cabello como signo de aflicción y dolor, podría ser que el gesto tan forzado con el que se ha representado este personaje obedeciera a un concepto que actualmente ha perdido su significado, puesto que según parece la maestría también se muestra con el gesto de sujetarse la barba.
La siguiente dovela y última de esta colección, nos muestra un personaje con sus manos juntas a la altura del pecho y las facciones del rostro totalmente desaparecidas, detrás de él y a la altura de sus hombros aparecen otras dos altivas cabezas que al igual que la del personaje están totalmente destrozadas.
El típico león andrófago que se encuentra en cientos de templos románicos a ambos lados de la portalada de entrada, también hace su aparición en Covet, lamentablemente sólo el de la parte derecha ha sobrevivido hasta nuestros días.
A lo largo de las dos archivoltas centrales se encuentran representaciones de ángeles y personajes bíblicos así como la figuración tetramórfica del león de Marcos que aparece mirando hacia el tímpano donde se encuentra el Maiestas, lo que indica que en el lado contrario de la misma vuelta debió en su día presidir la figura del toro alado correspondiente a Lucas y del que actualmente no queda ni rastro.
A la misma altura que el león de Marcos e iniciando la archivolta central, hay una peculiar representación de la Virgen con el Niño acompañados de un personaje que aparece en segundo plano y que se ha interpretado algunas veces como el profeta Isaías y otras como San José, puesto que tanto uno como otro pueden aparecer en la iconografía eclesiástica en el relato de la Epifanía.
No obstante se ha de resaltar la peculiar representación de la Virgen y el Niño el cual con nimbo crucífero que indica su divinidad bendice con la mano derecha.













